En las vacaciones estuvimos con una pareja amiga que vive en Buenos Aires, y que en el 2003 vinieron de vacaciones acá a San Luis. Son una pareja que se llevan muy bien, incluso demasiado bien... Nos contaron que la última discusión que habían tenido había sido acá en San Luis, precisamente en el año 2003... ¡8 años sin una sola discusión! ¡QUE ABURRIDO!
Y recordé que cuando nos vinimos a vivir con mi esposa acá a San Luis, también comenzaron las discusiones, y las peleas, y pasamos por una aguda crisis en nuestro matrimonio, la famosa "comezón del séptimo año"
En aquella época me puse a estudiar diversos libros de dinámicas matrimoniales, como "Las mujeres son de Marte y los hombres de venus" (o viceversa), "Yo me casé contigo", "Los hizo varón y mujer", "La armonía Matrimonial", y pensé que había encontrado la solución a nuestros problemas matrimoniales.
Pero cuando me enteré de que Mechi y Ezequiel se habían peleado acá en San Luis, y después NUNCA MÁS... me di cuenta: ¡¡¡ES EL AIRE DE SAN LUIS!!! o "la malaria"....
Y corren malos aires para el matrimonio: parece que la cultura moderna está centrada en dinamitar el matrimonio en general, y el matrimonio católico en particular. Los ataques vienen desde todos los frentes: Matrimonio gay, divorcio, anticoncepción, cultura hedonista, pornografía, leyes contrarias al orden natural... Parece que todo el mundo conspirara para que el matrimonio fracase, y más específicamente que el matrimonio católico fracase. Nos hallamos sumergidos en una de las peores guerras culturales de los últimos siglos, y estamos indefensos...
Pero no sé por qué se toman tanto trabajo tratando de destruir al matrimonio: nosotros mismos somos los peores enemigos del matrimonio: ¿Se acuerdan de la película "durmiendo con el enemigo? Bueno, algo así, pero no es nuestro cónyuge el enemigo: somos nosotros. Cada uno de nosotros es el enemigo del matrimonio, porque, aunque sabemos qué tenemos que hacer al respecto, nos faltan dos cosas fundamentales. Una, entender el por qué tenemos que hacerlas, y la otra es cómo tenemos que hacerlas...
Cuando hicimos nuestro curso prematrimonial, pésimamente dado en nuestra parroquia, nos enseñaron muchas cosas, pero nos enseñaban lo que teníamos que hacer... y la conclusión fue "hay que hacerlo así porque la Iglesia lo manda así". Lindo. Lindo enfoque. Muy convincente.
Y con mi esposa nos largamos a hacerlo así, porque la Iglesia lo mandaba así, pero nos dimos cuenta de que no teníamos NI IDEA de cómo hacerlo, y por lo tanto, como no teníamos ni el cómo, ni el por qué, comenzamos a tropezar.
Pero al principio ¡Es todo tan romántico! Nos perdonábamos todo, y todo era fácil y llevadero porque estaba el romance de por medio. A medida que el tiempo iba pasando, y el romance ya no era lo principal en la relación, las peleas eran cada vez más difíciles de remontar, y así llegamos a la famosa "comezón del séptimo año"
¡ESTÁBAMOS HACIENDO TODO MAL! No sabíamos cómo, y empezamos a vislumbrar el por qué: si uno no cumple con las sencillas recomendaciones que hace nuestra Santa Madre Iglesia, lo más probable es que la vida se convierta en un infierno. Los madamientos de nuestra Santa Religión tienen un problema de Marketing... Y es que se llaman mandamientos. Si se llamaran "Recomendaciones amistosas para tener una vida plena y feliz" ¡¡¡Venderían mucho más!!
Pero bueno, comenzamos a leer, y a trabajar en nuestra relación. Y las cosas mejoraron mucho. Es decir, nos seguimos tirando los platos a la cabeza, pero ¡Compramos platos de plastico descartable! (esa recomendación NO está en los libros del Padre Carmona)
Woody Allen dice "Los matrimonios son muy parecidos a los tiburones... Para no morir, tienen que moverse hacia adelante en forma constante"... Y algo de eso hay. Para que el amor no muera, y se renueve constantemente, tenemos que aportarle combustible, y ese combustible (ya nos lo va a contar el Padre Carmona, no quiero robarle parte de su conferencia) está al alcance de cualquiera, y es PRINCIPALMENTE ACCESIBLE para los matrimonios católicos.
Así que espero que no hayan creído que había que traer madera, kerosén y fósforos, para reavivar el fuego del primer amor... Espero que hayan traído sus almas: es todo lo que necesitan. Para tener un matrimonio feliz, ¡Hay que romperse el alma! Y vale la pena.
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